Junio #002

Noemí López

MOSCAS Y MÁS MOSCAS

Por fin se quedaron quietas. Las moscas, abrazadas en una frenética cópula, aterrizaron tras un par de minutos de insoportables bisbiseos y zumbidos lujuriosos. Cegados por esa suerte de amor primitivo, no midieron bien las distancias.

-Se acabó Antonio. Adiós Matilde – dijo el anciano justo antes de lanzar un mortífero ataque con su matamoscas.

Sonrió amargamente tras apartar los cadáveres con un soplido. Se recolocó la manta sobre las rodillas y esperó, como venía haciendo desde que lo internaran en la residencia.

Algún día vendría el Gran Matamoscas a por él. Y para su desgracia no le encontraría precisamente copulando.


Texto: Alex Nogués Otero


TAN SOLO QUIERO…

Llevo una eternidad lavando con las lágrimas
el polvo del olvido que se expandió en mí ser.
Han arrastrado ya por la horilla mis sandalias
la sombra turbia de mi amor, hasta desvanecer…

Y yo…yo sólo quiero recordar lustrosos hilos
que me cosían sin agujas al levantar el sol,
y las pinceladas tiernas de un arco iris
pintando de colores mi corazón…

Quiero bailar bajo la lluvia
de charco en charco empapado de felicidad.
Quiero dejar volar a mis gritos húmedos
tras los truenos, tras la vanidad…

Quiero poder caer en un abrazo
ya sin la fuerza ni aliento de tanto correr
y que me giren con un firme paso
a desmayar del ebrio placer.

Quiero sentir que nada siento,
tan sólo un toque de este momento fiel,
deleitando por mi rostro su aliento,
secando lágrimas que se esconden bajo mi piel…


Texto: Xénia Tym


MENTIRAS PIADOSAS

Cada domingo por la mañana, desde hacía ya cuatro años, se montaba en el automóvil después de desayunar. Fueron varias residencias diferentes, siempre intentando acortar la distancia que le separaba de su anciana madre. Aquella mujer fuerte de mirada inteligente y apariencia frágil, que había recorrido infinidad de caminos y había trabajado desde que era una niña para salir adelante, se pasaba las horas del día atrapada en una silla de ruedas, como tantos ancianos allí. La imagen no cambiaba, parecía un fondo de pantalla: ancianos en sillas de ruedas o sujetos a un sillón con una especie de cinturón ancho, mujeres que andaban cogidas del brazo con la mirada y la cabeza perdidas , un hombre que nadaba en el patio sin mar y el que cantaba flamenco y le contaba los dedos de los pies, tocándole las uñas lacadas de rosa fucsia. Siempre esa desazón: Se veía allí , si es que había sobrevivido a los accidentes de la vida, oyendo todas las mentiras piadosas del mundo.


Texto: Antonia Toscano López


UN DIA CUALQUIERA

El tiempo y el espacio se deformaban y arrastraban todo aquello que contenía hacia un caos sin precedentes. Las paredes del asilo, el mimbre de los sillones y las cortinas, todo se estiraba como una goma elástica. El reloj se aceleraba para frenar después sin un patrón reconocible, el caos lo invadía todo cuando sucedió algo… La materia y el tiempo cambiaron de estado, se licuaron para mezclarse después en una sopa de quarks, leptones y porciones infinitesimales de tiempo y de energía en cantidades gugólicas. Mi propio cuerpo se desvaneció al instante y se mezclo atemporalmente en aquello, para implosionar y desaparecer. Solo mi conciencia sobrevivió al fenómeno, y me encontré en un espacio adimensional y atemporal, pero con el recuerdo de las cosas y del tiempo vivido.
Tomé el control de mi conciencia y mis recuerdos, seleccionándolos con precisión para percibirlos y revivirlos de nuevo con un realismo absoluto; olores, sensaciones olvidadas, matices de momentos pasados que no creía retener, podía recordarlo todo, más allá de lo razonable, trasladarme al pasado y ver lo que vi, oír lo que oí y tocar lo que toqué, deteniendo el tiempo para husmear en los detalles de lo vivido. Volví a oír los sonidos sordos y confortables del útero materno, a sentir el rubor en el descubrimiento de la vergüenza, el sabor del amor correspondido, el remordimiento y el frio de una mañana lejana. Podía elegir mis recuerdos a discreción con la eficiencia de un bibliotecario, sabía dónde estaba todo, y solo tenía que ir a buscarlo y activarlo.
De repente entendí que revisar todo aquello me llevaría toda la eternidad.


Texto: JLV

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