Desamparo

—Papá, ¿tú no tienes frío?

El hombre había pasado su chaqueta por los hombros de la pequeña. Ahora, desprovisto de la prenda, tan solo portaba una camiseta de tirantes que dejaba al descubierto sus brazos. Negó con la cabeza, pese a ello, y se esforzó por no tiritar. Trató de encender la calefacción nuevamente. Sin embargo, esta no hizo ademán alguno de funcionar. Como había temido, estaba rota. Apenas llegaban a fin de mes, no podían permitirse repararla.

—Y mi perrito, ¿no tiene frío?

Su padre quiso tranquilizarla, pero no supo cómo. El animal yacía, inmóvil, a sus pies.

 

Texto: Lorena Delgado Hermoso

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