Julio 2012

August’s Rings
 

El telèfon sona en la immensitat de l’asèptica sala d’espera de la primera planta de l’hospital.
—Ring, ring, ring, ring, ring

És el primer diumenge d’estiu, les instal•lacions estan desolades. L’eco de les passes de les infermeres de la quarta planta ressonen per tot l’edifici i es barregen amb el tic-tac del rellotge de paret de la primera secció de recuperació de cirurgia plàstica i reparadora.

El telèfon torna a ressonar:
—Ring, ring, ring, ring,ring

Cinc cops de timbre i silenci.

La tarda es va impregnant d’una monotonia asèptica tenyinda de blanc amb olor de pollastre bullit i poma al forn.
Ring,ring,ring,ring,ring

Silenci i sirenes llunyanes.
Ring,ring,ring,ring,

La senyora de la neteja que passa la fregona cap allà les vuit.
—Ring,ring,ring
—Si, digui….
—Bla, nyinyunigunyi,
—No, no, jo sóc la dona de fer feines. No conec als pacients!!
—Bla, nyinyunigunyi,
—No, sra. no, no li puc aclarir res, jo només faig la neteja.
—Bla, nyinyunigunyi,
—L’habitació nº5? No, no hi ha ningú allà. De fet ,l’he netejat ara fa una estona però no hi ha cap pacient. Crec que hauria de parlar amb el metge.
—Snif, cloc, piiiiiiiiiiiiiii
—Senyora, senyora, aishhhhh maleït telèfon; maleïda indiferència de no contestar a temps les trucades…aishh, quina pena!
—Piiiiiiiiiiiiiiiiiii, tuc-tuc,tuc-tuc.

La senyora de la neteja torna a agafar el motxo i en passar per davant de la porta de l’habitació nº 5 recull els llençols esgrogueïts del terra. Els posa al cubell de la roba bruta i segueix el seu camí en silenci.

Silenci, silenci asèptic de la primera planta de l’hospital il•luminat per la lluna plena d’agost.


Foto: Noemí López Texto: Sonia Martí

Sólo Ida
 

— Si lo piensas, jamás lo harás — murmuró alguien a sus espaldas.

Él no sabía cuánto tiempo llevaba allí, mirando los trenes que entraban y salían de la estación. Ella sí lo sabía porque no era la primera vez que coincidían. Comparten un mismo ritual: sentarse en uno de los bancos del andén con la mirada perdida en las vías que se alejan, con la misma dosis de ilusión y tristeza en sus miradas.

La observó unos instantes. Su cara le resultaba familiar pero no lograba ubicarla en sus recuerdos. Sintió cómo ella era capaz de leer sus pensamientos y contestó:
— Lo sé, la suerte de quien se está quieto no se mueve.

Entonces lo vio claro. Todo. Discurrieron ante él cientos de imágenes, como una serie de fotogramas. Los desenfoques, el punto de fuga, las imágenes borrosas… Y esa sensación, velada. Todo ello no había sido más que un circunloquio para acabar llegando al mismo sitio. Y, de repente, sintió vértigo. Sí, ese vértigo que produce la incertidumbre.

Se giró de nuevo hacia ella, pero ya no estaba. La buscó con la mirada y vio que se dirigía hacia la salida. Se levantó, apurando sus pasos para alcanzarla. Ella se detuvo ante una de las ventanillas. Aunque se mantuvo a una determinada distancia, pudo escuchar su conversación con el vendedor: “Un billete a Berlín. (…) No, sólo ida.”

Al terminar, ella se giró y lo vio. Sacó de su bolso un libro al que, sin vacilar, le arrancó una página y se la extendió a él.
— Lo he leído esta mañana.

Y se marchó…

La página tenía una cita subrayada: “La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos.

(…)

— No, sólo ida – dijo él.


Foto: M.V. Texto: Verónica Moar

Después del diluvio
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El tren salió de la estación con el característico vaivén que adormece, mientras el azul avanza entre las nubes que se reflejan en los charcos relucientes después de la lluvia. Mis lágrimas ruedan como las gotas sobre los cristales y de nuevo un arco iris bíblico establece un puente entre el hombre y su futuro lleno de promesas, después del diluvio.
 


Foto:Xénia Tym Texto: Antonia Toscano López

Punto y coma
 
 
 
Ya pasó… todo ha pasado ya… la separación dolorosa, las amistades rotas, los malentendidos familiares… el no comprender. Todo lo que me dejaba sin fuerzas, todo lo que me hacía pensar haber llegado a un punto donde se cruzaba lo justo con lo injusto, donde se cruzaba el ¿Por qué me pasa esto? con el ¡Me lo merezco! De tanto concentrarme en este punto no he dado cuenta que hice un mundo de nada y dentro de él me sentía ser un punto. Me sentía bajar del tren de la vida en una parada donde no conocía a nada ni a nadie. Estaba solo pero no me asustaba la soledad… sentía necesitarla…tenía la necesidad de descubrir algo… solo…

Descubrí que ya pasó. Ha ocurrido lo que ocurre siempre… ni para adelante ni para atrás… miras donde miras, siempre estás en un punto… siempre deseando llegar al otro, al más alejado… al último punto que alcanzas ver, vayas donde vayas, no importa el sentido… lo importante es sentir… sólo sintiéndolo uno se cambia esa regla absurda de creer que después de un punto es incorrecto poner una coma…,
 


Foto: M.V. Texto: Xénia Tym

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