Junio 2012

Un dia cualquiera
 
 
 
El tiempo y el espacio se deformaban y arrastraban todo aquello que contenía hacia un caos sin precedentes. Las paredes del asilo, el mimbre de los sillones y las cortinas, todo se estiraba como una goma elástica. El reloj se aceleraba para frenar después sin un patrón reconocible, el caos lo invadía todo cuando sucedió algo… La materia y el tiempo cambiaron de estado, se licuaron para mezclarse después en una sopa de quarks, leptones y porciones infinitesimales de tiempo y de energía en cantidades gugólicas. Mi propio cuerpo se desvaneció al instante y se mezclo atemporalmente en aquello, para implosionar y desaparecer. Solo mi conciencia sobrevivió al fenómeno, y me encontré en un espacio adimensional y atemporal, pero con el recuerdo de las cosas y del tiempo vivido.

Tomé el control de mi conciencia y mis recuerdos, seleccionándolos con precisión para percibirlos y revivirlos de nuevo con un realismo absoluto; olores, sensaciones olvidadas, matices de momentos pasados que no creía retener, podía recordarlo todo, más allá de lo razonable, trasladarme al pasado y ver lo que vi, oír lo que oí y tocar lo que toqué, deteniendo el tiempo para husmear en los detalles de lo vivido. Volví a oír los sonidos sordos y confortables del útero materno, a sentir el rubor en el descubrimiento de la vergüenza, el sabor del amor correspondido, el remordimiento y el frio de una mañana lejana. Podía elegir mis recuerdos a discreción con la eficiencia de un bibliotecario, sabía dónde estaba todo, y solo tenía que ir a buscarlo y activarlo.

De repente entendí que revisar todo aquello me llevaría toda la eternidad.
 


Foto: Noemí López Texto: JLV

Así se escribe la historia
 
 
 
 
El exterminador alza la cabeza analizando la intensidad y la dirección del viento. No puede evitar sonreír con lo que se topan sus ojos.

Las pinturas rupestres del futuro piensa. Tras el abismo que se avecina, ¿entenderán los arqueólogos por venir la trivial motivación de aquel grafiti? ¿Su insignificante mensaje social? Imagina a emocionados científicos teorizando sobre como unos ateridos Homo sapiens se refugiaban en pequeños piso, ruinosos y húmedos, huyendo de una invasión devastadora de velociraptores mutantes. Allí, apenas iluminados por una fogata, bosquejaban símbolos de resurrección y muerte, escribían quejas y lamentos ante el abandono de los dioses que ellos mismos habían creado y dibujaban la peor de sus pesadillas, aquellos dinosaurios por los que proferían el más profundo de los miedos y una morbosa devoción. ¿Qué dirán los arqueólogos? ¿Habrá de hecho arqueólogos? Espero que no, sino vaya chapuza de trabajo.

El viento redobla, y el exterminador, sin dejar de pensar del todo en esas tonterías, abre el frasco y vacía su etéreo contenido. Para cuando el viento amaina, yace inerte en un paisaje arrasado por la muerte, que se extiende sin remedio sobre la superficie de la tierra, como una mancha de tinta en un vaso de agua.
 


Foto: Annick Galimont Texto: Alex Nogués Otero

Mentiras piadosas
 
 
 
 
Cada domingo por la mañana, desde hacía ya cuatro años, se montaba en el automóvil después de desayunar. Fueron varias residencias diferentes, siempre intentando acortar la distancia que le separaba de su anciana madre. Aquella mujer fuerte de mirada inteligente y apariencia frágil, que había recorrido infinidad de caminos y había trabajado desde que era una niña para salir adelante, se pasaba las horas del día atrapada en una silla de ruedas, como tantos ancianos allí. La imagen no cambiaba, parecía un fondo de pantalla: ancianos en sillas de ruedas o sujetos a un sillón con una especie de cinturón ancho, mujeres que andaban cogidas del brazo con la mirada y la cabeza perdidas , un hombre que nadaba en el patio sin mar y el que cantaba flamenco y le contaba los dedos de los pies, tocándole las uñas lacadas de rosa fucsia. Siempre esa desazón: Se veía allí , si es que había sobrevivido a los accidentes de la vida, oyendo todas las mentiras piadosas del mundo.

 


Foto: Noemí López Texto: Antonia Toscano López

Tan solo quiero…
 
Llevo una eternidad lavando con las lágrimas
el polvo del olvido que se expandió en mí ser.
Han arrastrado ya por la horilla mis sandalias
la sombra turbia de mi amor, hasta desvanecer…

Y yo…yo sólo quiero recordar lustrosos hilos
que me cosían sin agujas al levantar el sol,
y las pinceladas tiernas de un arco iris
pintando de colores mi corazón…

Quiero bailar bajo la lluvia
de charco en charco empapado de felicidad.
Quiero dejar volar a mis gritos húmedos
tras los truenos, tras la vanidad…

Quiero poder caer en un abrazo
ya sin la fuerza ni aliento de tanto correr
y que me giren con un firme paso
a desmayar del ebrio placer.

Quiero sentir que nada siento,
tan sólo un toque de este momento fiel,
deleitando por mi rostro su aliento,
secando lágrimas que se esconden bajo mi piel…
 


Foto:Noemí López Texto: Xénia Tym

Moscas y más moscas
 
 
 
 
Por fin se quedaron quietas. Las moscas, abrazadas en una frenética cópula, aterrizaron tras un par de minutos de insoportables bisbiseos y zumbidos lujuriosos. Cegados por esa suerte de amor primitivo, no midieron bien las distancias.

-Se acabó Antonio. Adiós Matilde – dijo el anciano justo antes de lanzar un mortífero ataque con su matamoscas.

Sonrió amargamente tras apartar los cadáveres con un soplido. Se recolocó la manta sobre las rodillas y esperó, como venía haciendo desde que lo internaran en la residencia.

Algún día vendría el Gran Matamoscas a por él. Y para su desgracia no le encontraría precisamente copulando.

 
 


Foto:Noemí López Texto:Alex Nogués Otero

Algo está cambiando
 
 
 
Algo esta cambiando.

Ya no hay misterio…todo lo sabes.

Primero expulsaste de tu mente a los duendes, los trasgos, las hadas…Los expulsaste así de mi paraíso. A todos mis amigos.

Me quedé solo.

Luego entendiste la naturaleza y ahora ya nada te fascina. Siempre tan convencido de todo pero tan lejos de la verdad.

Matas, talas, segmentas, ensucias.

Se aíslan y entristecen mis tierras en el estuario ruidoso que agrandas cada día con tus ríos de luz y sangre.

¿Y mis ríos? ¿Dónde puedo tirar mi sedal para que no se enrede? ¿Dónde encontraré peces que estén sanos?
Has mancillado mis bosques, mis prados, mis ríos. Has olvidado tus pastos, tu leña, tu gente. Has roto el equilibrio que tanto nos costó encontrar, aunque ya no lo recuerdes ¿Qué puedo esperar de ti?

Me has debilitado.

Así que yo, el Pequeño Ser de Montaña, cuidador de estos lares desde siempre, he decidido rendirme. Tú, humano, me has querido demostrar que el tiempo no es infinito, que la naturaleza es un estorbo. Has querido imponer tu ley y, no te miento, lo has conseguido.

Me voy hastiado y derrotado.

Cojo una brizna de musgo fresco, el último soplo de aire limpio, el aroma de unas flores, mi caña, mi pipa. Cierro el hatillo y lo echo a mi espalda. Cuando el último rayo de sol de este día cruce el cielo del bosque y me caliente la sonrisa, me iré.

No me busques, pues ahora ya soy un recuerdo antiguo.

Cuida de tus hijos, pues no llenaré sus sueños.

Cuida los bosques terminales y dales una muerte digna.

Cuida también de ti, maldito, pues ya nada queda ante tu agonía.
 


Foto: Xénia Tym Texto: Alex Nogués Otero

La firma sobre un reflejo
 
Me marcho a disfrutar del movimiento.
Dejo las gafas negras, o rojas,
o en forma de un corazón.
Da igual, no importa su aspecto,
importa—que no dejan ver las cosas
tal como son.

Da igual que desde ahora
oscilaré mis parpados mirando tras la luz.
Y no importan las arrugas que no demoran
en remarcar mis ojos y revelar mí cruz…

Me marcho, me voy a vivir aventuras.
Descalza, desnuda y sin complementos.
Y de recuerdo—un acuerdo que firmo sin dudas,
sobre el reflejo que capta este momento.
 


Foto: Annick Galimont  Texto: Xénia Tym

Tiempo al tiempo
 
 
 
No había podido despedirse de él-ella. El caracol más importante de su vida. Un tiempo una hembra irresistible, otro un macho arrollador. Juntos, habían entrelazado caminos plateados bajo la luz de luna y engendrado varios centenares de preciosas crías cristalinas.

Ahora ya no estaba.

Solo quedaba su preciosa concha, bajo la hoja mustia de una kentia, junto aquellas bolitas de veneno que tan inocentemente se había comido. Una presencia fantasmal que abría cada día la herida, pero que también espoleaba su ira. La venganza es un plato que se sirve frío y los caracoles están fisiológicamente dotados para la paciencia. Giraba y giraba sin descanso sobre el borde de la maceta. La próxima vez que aquella bestia inmunda se apoyara en ella para abrir el paso del agua, conocería la furia de los caracoles o por lo menos, sus babas.

 


Foto:Marta Escribà Folch  Texto: Alex Nogués Otero

Subir
 
 
-Debo subir. Lo siento en lo más profundo. Aquí abajo el aire es de segunda mano, solo arriba es puro, fresco y limpio. Debo subir. Subir y subir. Por lo pronto me conformo con estos primeros escalones, subir. Aunque sólo sea para demostrarme que soy capaz de hacerlo. ¿Podré? Claro, seguro, ya verás como… bueno, creo que sí. Subir, subir, subir… por lo menos subir hasta que mi nariz quede por encima de las de los demás.

-Bien. Los primeros escalones costaron lo suyo pero los subí. Me pisaron y pisé, pero subí. Ahora ya he alcanzado una altura respetable pero debo subir, debo seguir subiendo; no puedo dejar de subir. No quiero mirar hacia abajo; alguien podría haber seguido mis pasos… debo subir y seguir subiendo. Si me paro alguien puede alcanzarme. Y si me alcanza podría arrojarme al vacío. Así que para no caer debo seguir hacia arriba. Abajo ya no es sitio para mi y aquí no puedo quedarme.

-Subir, debo subir y llegar a lo más alto. ¿Y si soy yo quien alcanza a alguien? No dudaré. Lo precipitaré al vacío si me entorpece. No es culpa mía; es sólo que no hay suficientes escaleras para todos. No es culpa mía ¿verdad? Dime, y dime la verdad, ¿Qué harías tú? Si después de alzarte por encima del resto, de disfrutar de unas bocanadas del mejor aire puro, ¿de repente te encontraras con el pie de otro en tu cara? Dime la verdad. Querrías seguir, seguir subiendo, subiendo y subiendo. Agarrarías ese pie con toda tu fuerza y empujarías a su propietario a la nada. Porque abajo ya no puedes volver y donde estás no te puedes quedar.
 


Foto:Noemí López  Texto:JMS


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Aviso:

    Licencia Creative Commons


    Todas las obras contenidas en este blog están bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.

  • mayo 2017
    L M X J V S D
    « Abr    
    1234567
    891011121314
    15161718192021
    22232425262728
    293031  
  • Enter your email address to follow this blog and receive notifications of new posts by email.

    Únete a otros 51 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: