Marzo 2012

Cada noche observaré tu sueño
 

Esa noche llegué más tarde de lo que solía hacerlo. Maldito día, bienvenida la noche, aún habiendo sufrido lo que había sufrido, corrí para llegar a tiempo.

Abrí la puerta, me quité los zapatos, sin agacharme siquiera, entré en la cocina, calenté un vaso de leche; mientras… quité toda la ropa que me sobraba.

Por fin, llegué a la habitación, calenté esta vez mis labios con el vaso de leche, lo dejé sobre la mesilla… y besé su mejilla.

Sin despertar, movió la cabeza, posó sus manos debajo y sonrío.

Respiré, me senté a su lado… y continué observando su sueño.

-Te quiero-, dije.

Me eché a su lado, sonreí y soñé.


Foto: Annick Galimont Texto: Antonio de Paos

 
Luces y sombras

Llevábamos meses así, midiéndonos y retándonos con la mirada, eso sí siempre desde nuestras respectivas cajas de metacrilato. El tiempo fue testigo y aliado en la transformación paulatina de nuestra relación, y poco a poco, aun confinados, empezamos a hablarnos, sonreírnos, disfrutarnos, excitarnos… siempre coartados por los límites físicos de nuestras propias barreras. Aun desconocíamos el olor y el sabor de la atmósfera del otro, la temperatura de nuestros cuerpos y la textura de nuestras imperfecciones. Por primera vez empezamos a jugar conforme a unas reglas que nos eran desconocidas, focalizamos nuestra energía, en vez de para atacarnos y demostrar quién superaba a quién en altanería, en destruir nuestras barreras y en cierto modo a nosotros mismos, al menos esa parte que no nos dejaba ir más allá, que nos impedía arriesgarnos y dejarnos caer al vacío de las posibilidades.

Todo quebró con la certeza de que vivíamos en cajas herméticamente selladas, irrompibles. Entonces todo lo que hasta entonces teníamos se volvió insuficiente La certeza de que éramos iguales imposibles, incompatibles, nos impedía continuar juntos. Así con una última mirada como preámbulo, cogió su caja y cargando con ella y con todos sus reflejos y destellos dorados se marchó. Dejándome sola en el salón, oyendo como los ecos de sus pasos se apagaban al tiempo que las paredes de mi caja engordaban, para no dejarme ver a través más que luces y sombras.


Foto: M.V. Texto: Julia Leirado

 
El Príncep de les galetes
 
 
 

Sempre que es mirava el paquet de galetes de xocolata notava a la panxa un rebombori d’emocions inconnexes. Als 36 anys seguia per vestir sants i havia d’escoltar dia rere dia el monòleg que li feien els seus familiars: Mira nena que si segueixes així se’t covarà l’arròs i no podràs tenir criatures…. i és que el temps no passa en va. A veure quan trobes un bon xicotet per casar-t’hi. Tanmateix, quan guaitava al seu voltant no hi veia mai el reflex del príncep dels seus somnis. Llavors sentia la seva pròpia veu: Serà que el somnis són un miratge i la realitat sempre els desmereix? Per no veure, ni tan sols veia al cavall que muntava el príncep. Vatua l’olla, fins i tot les cavalleries se’m posen de cul!

Anaven caient les fulles del calendari i en el fons del seu cor començà a cerciorar-se de que aquell príncep anhelat no apareixeria mai al seu davant, encara que no renunciava a la fascinació que sentia per aquell desig imaginari de felicitat i perdius. Volia el final feliç de les pel·lícules de la MEG RYAN.

Un bon dia però, es va desvetllar a mitja nit. Com no podia conciliar la son va començar a donar voltes i a contar ovelles peludes islandeses. Un cop va estar esgotada de córrer amunt i avall del matalàs estrenyent-se les extremitats amb el llençol rebregat, es va llevar i es dirigí com un autòmat cap a la cuina. Obrí l’armari de dalt i agafà el paquet de l’embolcall plastificat des d’on el príncep somreia amb aquella expressió idiota que dóna la plena felicitat. En aquell mateix instant va decidir que ja en tenia prou. Volia felicitat, volia al seu príncep blau!!. Així que mentre tancava els ulls i es concentrava en el seu desig, es va produir una pertorbació en l’espai-temps que la va fer irrompre en aquell món publicitari. Des d’aquell dia els seus col·legues de colla no varen tornar-ne a tenir notícies però, quan anaven al supermercat i es paraven davant de la prestatgeria de les galetes de xocolata notaven una veu espectral que gemegava VULL SORTIR D’AQUÍ.


Foto: Annick Galimont Texto: Sonia Martín

 
El viaje
 
 
 
 
 
 

Viajo en esta nave estrecha y profunda. Tengo que recorrer cien años luz en no sé cuánto tiempo. A veces me enredo en mi propio cuerpo, como ovillo de seda sideral y me abandono y ruedo en este espacio pequeño y hondo en el que me muevo.

Una cámara fija escondida en mi seno, recoge en sus píxeles todo movimiento, mi viaje olvidado, devenir del tiempo, mares de galaxias, universos océanos.

Tengo que gritar – ¡tierra, tierra, tierra!- en algún momento, no sé si en segundos, años, siglos o milenios. No sé si podré con el reloj de la angustia oprimiéndome el pecho.


Foto: Noemí López Texto: Antonia Toscano López

 
Higuitus Figuitus
 
 
 
 
 
 

Estábamos allí. Amorrados al cristal. Maravillados. Viendo como el péndulo de Foucault oscilaba sin pausa. El flagelo de la base de la esfera tumbaría otro palo, nos dejaríamos asombrar y esperaríamos un poco más. Entonces mi hija pequeña giró su cabeza hacia mí. Conocía perfectamente aquella mirada interrogativa. Me dispuse a explicarle la rotación de la tierra, el efecto Coriolis, el concepto de inercia…Pero me vi reflejado en sus ojos, quizás por primera vez. Podía también disfrazar nuestra existencia de sesuda bioquímica, precisa genética e inquebrantables leyes del azar. Pero, ¿no me dejaría la esencia en el camino?

– ¡Higuitus figuitus! – dije al fin y continuamos disfrutando de aquella nada, tan hipnótica y densa.


Foto: Annick Galimont Texto: Alex Nogués Otero

 
2. F. Inquietud, aflicción y congoja del ánimo, que no deja sosegar, o por el riesgo que amenaza, o por el mal que ya se padece.
 
 
 
 
 

– La uve doble – dijo con un hilo de voz. Grandes gotas de sudor surcaban su rostro.

El hombre que tenia frente a él, tras una pausa teatral, dibujó un palito. El lápiz rasgó el papel y una sonrisa se perfiló en sus finos y pálidos labios. Con lentitud extrema, sin afectarle ni uno solo de los sollozos lastimeros de su contrincante, escribió las letras que faltaban, desvelando así el misterio.

Z O Z O B R A

Apartó el fajo de billetes y lo substituyó por una soga. La ruleta rusa ya no estaba de moda.


Foto: M.V. Texto: Alex Nogués Otero

 
Kamikaze y la sabiduría popular
 
 
 
 
 
 
 

En boca cerrada no entran moscas, reza el refrán.

Bendito refrán.

La mosca kamikaze, con sus patas goteando excrementos de gaviota y su pequeño cuerpo rebozado de Schericihia coli, tuvo que girar en el último momento y buscarse otro blanco.

 


Foto: Annick Galimont Texto: Alex Nogués Otero

 
Perras cojos
 
 
 
 

En Chile se pintan las calles con restos de terremoto y arena de tsunami. Las grietas son re-bautizadas en edificios post-coloniales que intentan guardar el alma de los caídos. El aire se va de vacaciones al sur, en busca de verde más verde, algo de paz y una fotografía azulada. El rio Mapocho observa guacho todos los retazos de historia, mugre y gloria perdida con la que una vez fue rey… reina.

Un lienzo se entrevé quejoso, avergonzado…de norte a sur; de este a oeste. Son retratos de personas, abandonos e idiosincrasia perturbada. Trazan una línea fina entre la desdicha y alguien. Acompañantes vampiros de esta recién nacida Chile autoproclamada nación, libre y rica. Paradojas que se ahogan en el Bio-bio re-secado y se electrocutan bajo el sol de Atacama.

Perras huérfanas de patas, cojas de vida. Perros vagabundos de almas perdidas.


Foto: Noemí López Texto: Olatz Baraka

 
Casi un Haiku
 
 
 
 

El poeta descalzo se detuvo y contempló el suelo nevado. El aire murmuraba palabras extrañas. Sabía que el poema no andaba muy lejos, pero hacía tanto frío…Llagados los pies y petrificadas las manos aferradas a su viejo cayado, el poeta decidió alejarse de la vida para sobrevivir.

No pudo ver como el pez se desplazaba lento, como glaciar, hacia la rama de espino.

El pez congelado
que sueña con trópicos,
busca su anzuelo.

Susurró el viento.


Foto: Soledad Soler Texto: Alex Nogués Otero

 
Mi nombre es Bosque
 
 
 
 
 

Mi nombre es bosque. De liquen son mis barbas. De corteza mi atuendo, con muchos remiendos de musgos zurcidos. Mi pelo es fronda; calvo es mi invierno. Canto al viento. Lloro en las mañanas frías y en las muy frías apenas me despierto. Dicen de mí que siempre ando por las ramas, más tengo los pies bien en el suelo. Como tú, transeúnte de lo más íntimo, que posas tus ojos abiertos en todo y en nada. Sé bienvenido. Si esperas historias, nada prometo pues nada controlo. Si esperas las musas yo no las tengo. Si buscas saberes, solo una cosa: antes estuve y después seguiré estando, cuando todo para ti acabe. Serás entonces de nuevo bienvenido. Bosque es mi nombre, transeúnte. Antes, ahora y siempre.

 


Foto: Annick Galimont Texto: Alex Nogués Otero

 
Trending Chic derrotada
 

Aquí estoy. Sin las gafas gigantes de los ochenta, sin los pañuelos y los bolsos imitación de Louis Vuitton, sin mi pintalabios rouge, sin mis pantalones de pitillo y sin mis bailarinas chillonas. Sin mi I-phone, sin mi Mac y sin mi vida social. Delante del armario de mi abuela. Debe ser un funeral precioso así que le voy a colocar el vestido negro de lentejuelas que se ponía cuando se sentaba delante de la televisión para ver ópera en el Canal 33. Con eso y unos pendientes discretitos bastará. Yo -y sin que sirva de precedente- sólo llevaré un bolso grande de felpa con ribetes color púrpura a juego con mi sombra de ojos e iré toda de negro. Vaya, parece que escucho a la difunta: ¿Dónde vas así?, ¿Por qué todas vais iguales?, te parecerá que eso es tener estilo, ¡ja!, me rió yo de vuestro gusto… Era tan altiva. Me ha desbaratado la agenda. Me ha obligado a comerme un sin fin de cupcakes (Niña, eso sólo son magdalenas decoradas) y hasta puede que me haya sacado de mi frivolidad permanente. Siempre tan oportuna. Yo sólo quiero pensar que la vida está llena de buenos diálogos, de ropa y complementos de moda, de sonrisas y miradas perfectas y de amor interesado. Todo lo demás ensombrece y no queda bien. ¿Y por qué tenía un dinosario de goma en el armario? Seguro que por nostalgia, por aferrarse a un sentimiento, es todo tan patético. Aquí estoy. ¡Maldita sea, esto parece una lágrima! Espero que por lo menos salga el sol.


Foto: Annick Galimont Texto: Georgina L.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Aviso:

    Licencia Creative Commons


    Todas las obras contenidas en este blog están bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.

  • septiembre 2017
    L M X J V S D
    « Abr    
     123
    45678910
    11121314151617
    18192021222324
    252627282930  
  • Enter your email address to follow this blog and receive notifications of new posts by email.

    Únete a otros 51 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: