Abril 2013

CarmenMartínezMarínPisando fuerte
 
 
 
 
 
 
¿Sabes? Hago todo lo posible para disimular, hacerte creer que no tengo miedo, que camino segura de mí misma hacia tus ojos tímidos.

¿Sabes? Llevo mirándote desde que entré en la plaza y he rezado para que no te fijaras en mis gestos ridículos luchando con este paraguas absurdo que justo hoy va y decide que está roto y que no quiere cerrarse…

Así pues, camino hacia ti con el paraguas abierto, aunque ya hace rato que dejó de llover y aunque ¿sabes? estoy muy, pero que muy muy…

…nerviosa.

Pero mira, una cosa sí tengo clara: no voy a dudar ni un instante cuando esté frente a ti, cogeré tu cara con mis manos y te plantaré un beso en los labios y… ¿sabes? me acercaré tanto

tanto tanto

que no tendrás más remedio que agarrarme por la cintura, y…

¿Sabes? Te arrancaré ese móvil tuyo de tu mano y

me arrancarás este móvil mío de mi mano y

por fin

nos diremos “hola”

por primera vez

a la cara.

Y ¿sabes?, olvidaremos tanto tiempo frente a la pantalla,

tantos correos, tantos mensajes, tantas fotos y tanta

eterna distancia.

Hoy ¿lo sabes, verdad?, hoy por fin llegó el día de nuestra primera cita.

-Lo sé mi amor, lo sé. Deja ya las palabras a un lado y ven…


Foto: Carmen Martínez Marín  Texto: Ximo Segarra

CarmenMartínezMarínUna mañana diferente
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Nada me hubiese resultado más cómodo esa mañana que seguir mi camino bajo el paraguas, el mismo que llevaba treinta años recorriendo, camino a la oficina. Toda una vida pisando las mismas calles, mirando las mismas nubes que siempre pasaban de largo. Pero hoy llovía. Por eso cerré mi paraguas y di la vuelta, caminando a contracorriente, dejándome mojar. Tenía toda la mañana para pensar la forma de decir en casa que me había quedado sin trabajo.


Foto: Carmen Martínez Marín  Texto: Fran Rubio

abril01Asombrado
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Te descubrí en una playa, cuando no importaba qué playa. Jugamos y nos reímos, asombrados el uno del otro. Desde entonces me has seguido a todas partes, sin importarte dónde.

Hace días que te busco y no te encuentro. Supongo que has llegado a la conclusión de que, tras todos estos años, yo soy suficiente sombra de mi mismo.


Foto:Annick Galimont Texto: Alex Nogués Otero

CarmenMartínezMarínLa ausencia
 
 
 
 
 
 
 
 
La circularidad de mis pasos va tras la línea de tu estela, sobre todo en los caminos lluviosos que solíamos recorrer, tardes que yo terminaba empapado y tú disuelta entre la bruma del anochecer. De las suelas de mis zapatos ha surgido ya una floresta con mariposas en vuelos a su alrededor, murmullos que se confunden con los colores húmedos de tu voz. Camino tras de ti como fantasma sin alivio, hasta que llego al banco donde nos besamos por primera vez. Ahí lloras, como todos los días, hasta que llega la noche, y no puedo verte más, y me pierdo al fin vagando en su oscuridad. Con el alba me alegro. La energía de su sol me da las nuevas fuerzas para continuar tras la línea presente de tu estela.


Foto: Carmen Martínez Marín Texto:Jose Luís Sandín

CarmenMartínezMarínTu sombra, mi recuerdo
 
 
 
 
 
 
 
 

Sabía que tenía que ocurrir. Estaba preparada. Conociéndola, a sabiendas de su maldad, nunca debió decirle que no quería volver a verla nunca más. Pero le pierde el carácter. Es impulsiva y suele arrepentirse de sus palabras. Siempre les han dicho que no parecían gemelas, excepto por los rasgos inconfundibles de su duplicidad.

No le asombra lo que se refleja en el asfalto húmedo por la lluvia. Es la misma figura que ve, día tras día, haga sol, llueva o sea la noche oscura como un pozo. Sabe que es ella. Lo sabe desde el día que le dijo que ni muerta podría librarse de su recuerdo.


Foto: Carmen Martínez Marín  Texto: Elena Casero

CarmenMartínezMarínSin sentido
 
 
 
 
 
Los colores azabaches y sepias en los reflejos húmedos de las baldosas que pisaba, se ensombrecían con la silueta de mi sombra. Caminaba despacio, un pie detrás de otro, y me alejaba de mi pasado sin prisa, sin titubeos, sin dudas, dejando atrás unos retazos de mi vida que deseaba olvidar. Pero el olvido es la capa negra con la que se viste la memoria cuando las heridas aún no han cicatrizado, y aunque vestía de negro, con abrigo tres cuartos, las imágenes de mi tragedia aún me asaltaban tras las esquinas de cada calle. El accidente, los niños, sus peluches carbonizados, y la mirada de mi mujer suplicando vivir. ¿Cómo olvidarles? ¿cómo encontrar el camino cuando nada tiene sentido?

Los colores de los edificios se traslucían tras una lluvia fina de primavera que los emborronaba en tonos grisáceos, igual que la veladura de una fotografía en blanco y negro sin enfoque. Caminaba más despacio, cada pie me pesaba como si llevara anudado una carga insoportable y mi presente se vestía de negro igual que mi soledad en las últimas noches de invierno. Detuve mi caminar al llegar al puente de hierro sobre el río Duero. Odiaba el agua, su humedad me calaba los huesos. Me subí a la barandilla y pensé en dejarme caer. Moriría ahogado rápidamente y a nadie le importaría mi pérdida. Caí de pie.

Los colores del nuevo cielo me parecen azul celeste. A mi lado, en una silla, están mis ropas, mis calcetines mojados y mis zapatos negros. El gabán gotea agua colgado de una percha. —Se ha roto las dos piernas y tiene fractura de cadera —me dice una señorita vestida de verde —si lo hubiera hecho de cabeza lo habría conseguido. Le miro sus ojos brillantes, su dentadura de anuncio publicitario y sus hermosas piernas. Quiero explicarles mis razones, pero ella no desea escucharme. Me dice que ya han aconsejado al Ayuntamiento quitar el tablado de madera anti- depresiones y colocar un soporte de goma más mullido. Caigo ahora en la cuenta de que mi vida continuará sin tener sentido.


Foto:Carmen Martínez Marín  Texto: Laura Garrido Barrera

abril01El anuncio
 
 
 
 
 

Camina para matar el aburrimiento. Camina porque su madre, con la cara hinchada y ojos llorosos, lo sacó del colegio y lo llevó al parque, al zoológico y a la playa.

Y ni siquiera es su cumpleaños.

Su madre camina con dejadez, sin saber cómo darle la noticia, intentando posponer lo inevitable. Lo ve ir y venir. Jugar. Mostrarle cosas. Reírse. No sabe cómo decirle que cuando vuelvan a casa, nadie los recibirá. Que acaba de heredar el encendedor de su bisabuelo sin siquiera tener edad para fumar. Que las tardes de domingo, de futbol y barriletes, ya no serán lo que eran. Que la vida ya no será la misma. Pero por sobre todo, no sabe cómo se vuelve del “Papá se va a poner bien”.

Caminan bajo una tarde de otoño. Caminan por el descampado. Caminan porque no les queda otra.


Foto: Annick Galimont  Texto: Carolina Gentile

abril04Multiverso
 
 
 
 
 
 
 

Dicen algunos astrofísicos que hay infinitos universos, que habitamos un multiverso. Y hay tantos y tantos que en alguno de ellos está pasando exactamente lo mismo que en el nuestro y en otros todo es igual, pero ligeramente diferente.

Si pudiera hacérselo entender a mi tía Ramona quizás se le aligerarían las penas. Si ella supiera que hay algún lugar dónde ella está con mi tío, quizás dejaría de esperarlo cada tarde apoyada en el quicio de la puerta. Mi tío no volverá nunca, lo sé muy bien. Lo saqué yo de bajo el tractor. Y mi tía también lo sabe. Lo lloró a mares en el funeral y los años que vinieron después. Pero hay algo en su cerebro que la obliga a esperarlo, como hacía antes del accidente. ¿No será un error en el multiverso? Quizás, quién sabe, haya otro universo donde mi tío vuelve cada día a su casa después de labrar el campo y se encuentra la puerta cerrada y aunque mi tía ya no esté, él sienta su presencia.

Realmente sabemos tan poco. Solo sé que el multiverso bien podría ser tan solo un poema.


Foto: Carlos Hernández Suárez  Texto:Alex Nogués Otero

bogatellSuficiente
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Hay cosas que no me gustan de ti, la verdad es que te odio.
Ahora mismo entraría en tu cuarto como Chuck Norris.
Ibas a joderte.
Lástima que luego me mires así, desinteresadamente.
Y yo te vuelva a querer. Un poco menos,
pero suficiente.


Foto: Itxaso Yánez Mendizabal  Texto: Marc Monje

santjordi2013En cualquier parte
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Leer, leer, leer…Y de repente no podía parar, las letras le susurraban. Un libro abierto entre las manos, la mirada fija en la obra escrita en esa postura amable que le podían hacer entrar, salir o esperar las imágenes desfilan delante, en las páginas. El tren pasaba veloz. Él, mientras sin percibir ni un sólo movimiento, las palabras le hacían viajar sin moverse. Leer, leer, leer…Y allí se quedó, ya vendría otro.


Foto: Noemí López  Texto: Carmen Martínez Marín

abril03La estantería
 
 
 
 
 

Se fue…

… Le dije que no podíamos seguir así, que no lo aguantaba… que estaba cansada de sus mensajes secretos, de las llamadas que no contestaba, de sus risitas enigmáticas… de sus excusas para llegar tarde, o para irse de viaje… que cada vez era más caótico… que estaba harta de encontrarme su ropa tirada por cualquier sitio… las revistas… las latas… Que no me miraba, que no se preocupaba por mí… que sabía que estaba tirándose a otra chica… que era un cerdo, un cobarde de mierda… que si no me quería que me lo dijera… que tuviese el valor de decírmelo de una puta vez… Me dijo que me quería. El muy cabrón me dijo que me quería…, pero que él era así… que yo era la mujer de su vida… la única persona que le daba paz… y que le comprendía… Que lo de esa chica no era nada serio… que no tenía importancia… que son cosas que pasan… que tenía que ser más comprensiva… que enseguida perdía los nervios… que era muy negativa… que no me ponía en su lugar… que él necesitaba sentirse libre… que se ahogaba…

Vete a la mierda, le dije… No quiero verte cuando vuelva… Coge tus cosas y lárgate…

Se fue…

Cuando volví del trabajo no estaba… Me dejó una nota: Adiós… Te quiero… Ya volveré por mis cosas.

¡Qué cabrón!

Estuve llorando toda la tarde como una imbécil…

¿Y, si tiene razón…? ¿Y si soy una histérica poco comprensiva… que no le dejo respirar, que le ahogo, que no le entiendo…?
Entré en su Facebook… Sabía que no tenía que hacerlo, pero lo hice… Y allí, claro, encontré a su “amiga”… Mejor dicho… a “nuestra amiga”… ¡Qué cabrones… Qué les den! Fue entonces, cuando tomé la gran decisión… Borrarle de mi vida… como si no hubiera existido… Entonces vi “su” estantería… Su territorio prohibido… No la toques, cielo… Es mi mundo, ¿entiendes? Yo soy así: un caos incontrolable y creativo.

Claro que la voy a tocar… mi amor… Voy a prepararme un té verde… Y luego, con mucha tranquilidad, sin perder los nervios… voy a tirar tu “caos creativo” a la basura… Odio esa estantería, mi cielo.


Foto: Annick Galimont  Texto: Rafael Herrero

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