Marzo 2013

diciembre001Todo se rompió
 
 
 
 
 
 
Él la miraba arrobado desde el extremo opuesto de la mesa. Le quitaba las copas de sake de las manos y siempre la observaba en silencio a cierta distancia, embebido en la imagen que se había generado de ella. En sus fantasías matutinas creía que era su mujer ideal. Pedaleaba ágil entre el feroz tráfico matutino de la gran ciudad absorto en sus ensoñaciones, sin saber cuán distante de ello estaba ella.

Ella procuraba no herirlo fingiendo no ver todos aquellos movimientos poco armoniosos. Sus ojos no se habían posado nunca en él y le parecía un hombre demasiado teórico, áspero, escasamente bregado en la vida diaria, tan llena de sinsabores como de alegrías. Ella buscaba a alguien más terrenal, más humano, más práctico. Cuán ardua le resultaba esa búsqueda irreal y fracasada.

Un día chocaron la teoría y la práctica y lo poco que había se rompió. Ella se quedó sin interés por contarle nada y él se malhumoró por siempre más, creyendo que ella se había enojado. Cada golpe de pedal les arrastraba a polos opuestos hasta que en la distancia de seguridad se estableció el silencio como único diálogo.

Así, en un silencio sordo, la historia se esfumó entre el bullicio estéril del paso cebra en hora punta y nunca más se supo en Tokyo.


Foto: M.V. Texto: Sonia Martin

diciembre001¿Quién soy?
 
 
 
 
 
¿Quién soy?
Ya lo sabes que soy diferente,
no puede captarme el momento pasado,
no puedo parar, me lleva el viento,
lánzate hacia él para estar a mi lado.

¿Quién soy?
La respuesta tal vez no existe
o tal vez es difícil captarla también.
Porque es más veloz, más inquieta, más lista.
O tal vez no importa este rígido “¿Quién?”


Foto: M.V. Texto: Xenia Tym

bogatellBogatell
 
 
 
 
 
Bogatell amanece con una garúa cosquilleante, de esas con gotitas que se te meten tras la oreja. Ahora lo sé: no hay en otros sitios garúas así. El mar arruga las rocas y despeina los caminos de arena falsa que conducen a algún tobogán curvo, de los que me gustan, o a esas sogas enlazadas para trepar que me dan tanto vértigo. Me paso la lengua por los labios y trago sal. Zamarreo de la chaqueta a mamá, pero no me habla. Ella se limita a mirarme. Se agacha, me besa. Me mira con sus ojos marmolados, sus párpados tiemblan al ritmo de las olas rabiosas. El viento filoso mueve sus rizos y la veo aún más hermosa. Insiste el viento, levanta la bufanda con elefantitos que me cubre la boca, y yo la sujeto para que no se me escape. Pero el viento me la arranca del cuello. Y a mamá también se la lleva. Estiro mis bracitos, me esfuerzo en llorar, pero sólo me cae garúa de los ojos. Me levanto las solapas de la chaqueta y corro a por un taxi. Creo que iré espaciando estas visitas. Cada vez me cuesta más quitar la sal de estos labios, la humedad tras las orejas.


Foto:Itxaso Yánez Mendizabal Texto: Franco Chiaravalloti

cigarroEl último cigarro
 
 
 
 
 
 
 
 
Era su primera vez. No lo pensó, y lo hizo. Fue horrible. Horrible y bello. Después de hacerlo, advirtió un gran silencio en la habitación, y cómo éste lo empujaba hacia la puerta. Se dejó llevar por esa ausencia, que se le pareció a una corriente de aire, y cuando estuvo bajo el marco, se volvió, como el general que abandona el campo de batalla, y se vuelve para ver las últimas cenizas. Luego, bajó a la calle y caminó en línea recta, sin dirección. Caminó durante una hora, o tal vez durante una semana. Cuando dejó atrás la ciudad, se sentó al borde de la carretera, y se fumó su último cigarro, lentamente, hasta que no quedó tabaco que inhalar. Todavía no podía creerse que lo hubiese hecho.


Foto:Luis Torres Texto: Juan Tallón

Abril004¿Quieres postre, cariño?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La sostuvo así durante horas. No la apretaba, ni la cogía con fuerza. Sólo la mantenía en la palma de su mano, en silencio, mirándola. El primer paso estaba dado. Líquido vengador, jeringuilla, fruta prohibida. Ahora únicamente debía servirle el postre. Si lo hacía su vida cambiaría por completo. No habría vuelta atrás. Libertad o cárcel. ¿Qué barrotes podían ser peores que aquel infierno?


Foto:Joseba Barrenetxea Texto: Roser Herrera

caminareCaminaré
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Algún día caminaré sola. Sin ti. Sin tu abrazo. Sin tu voz. Algún día caminaré y ya no importarán los días. Pero déjame ahora que me agarré a este segundo y lo estire. Tanto como pueda. Deja que quepa en él todo lo que fuimos y lo que seremos. Crucemos la calle. Alejémonos de una vez del hospital y de su negro aliento. Volvamos a casa bajo esta lluvia. Por favor, no te separes de mi hasta que ya las fuerzas no me den y el segundo que te pido se me escape. Quédate conmigo antes de que el universo se me acabe.


Foto:M.V. Texto: Alex Nogués Otero

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Comments
2 Responses to “Marzo 2013”
  1. cabopá dice:

    Es un texto muy lírico. Tiene un arranque con mucha fuerza y un final lleno de tristeza, pero a la vez con la idea de la vida por delante, en compañía, esa tan necesaria con o sin lluvia.
    Felicidades al autor de la foto y texto.
    Besicos, amigos

    • Se da la casualidad de que en esta recopilación trimestral hay dos fotohistorias en las que se trata la lluvia y la compañía. Aludas a la fotohistoria que aludas, muchas gracias por leer y por comentar.

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