Mayo 2013

MilagrosMilagros Fonéticos
 
 
 
 

Nació en un pueblo cerca de uelva. Sus padres, descendientes azules, nobles y condes, quisieron evitarle el trauma que ellos habían sufrido. Torturados, tal que avergonzados por sus nombres extensísimos, evitaban todo contacto social. Odiaban pronunciarse. Estaba Gustavo Alejandro Alberto de Saldívar ernández, María Soledad ernández de la Vega ermosa; y el pequeño Juan José Francisco de Gutiérrez.

ubo un pacto familiar: al próximo descendiente le pondrían un apelativo corto, de una sola palabra, tal vez de una sola sílaba. Quizás, de una sola letra.

El día llegó. Una quiniela. Letra al azar.

3 años. ¿Cómo te llamas? [silencio]
4 años. Y qué niño tan guapo, ¿cómo te llamas? [silencio]
10 años. Ya eres muy mayor. ¿Pero qué te cuesta decir tu nombre? ¡abla! [silencio]

Médicos, especialistas, acupuntores y curanderos. El remedio de la abuela: ¡Este niño necesita un cambio de aires!
Avión y destino. Pisó suelo inglés y como si nada pronunció un Hi! I’m H.


Foto: Alex Nogués Otero  Texto: Puig Ventura

menteDe mi mente
 
 
 
 
 
 
 
 
Pienso una cosa, veo otra, siento algo pero lo ignoro.

Cuando lo expreso, ignoro otra y presiento presentes.

Bucles infinitos de soporíferos despertares vespertinos.

Escucho una cosa, pienso otra, ignoro algo que desconozco.

Cuando lo descubro, siento otra y sigo en el presente.


Foto: Alex Nogués Otero  Texto: Ferran Giralt

cafeCafé Ruso
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Como un viejo trilero mezcló las tazas del café hasta despistar en cual de ellas había puesto el veneno. Luego se sentó en la mesa y empezó a disfrutar de la incertidumbre previa a la elección.


Foto: Noemí López Texto: Pep Bruno

inocenciaInocencia
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Jugábamos a ser mayores. Fantaseábamos imposibles, construíamos historias e imaginábamos ser alguien. Escondíamos nuestra vergüenza tras la mirilla de una puerta y aprendíamos a ser mayores ocultas de los adultos por miedo a reflejarnos en su realidad. Entonces no sabíamos que sólo la inocencia hace posible que afrontemos el futuro con tanta madurez.


Foto: Soledad Soler  Texto: Eva Garrido

cafeLa firma
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sentada con la pluma en la mano delante del contrato, María dudaba. Ella que nunca estaba indecisa. Se inició joven manejando los tubos de ensayo y pronto se envolvió en trajes de chaqueta, alejada de los horarios. Pisoteó y empujó sin pena, puso zancadillas arruinando su alma y sin tener tiempo para llorar nostalgias. Una coraza de soberbia la protegía en ese momento, intimidando a los dos hombres que esperaban frente a ella. La clavó con fuerza y las gotas que se desprendieron emborronaron en un instante la vanidad de toda una vida.


Foto: Noemí López  Texto: Marta López Cuartero

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