Octubre 2013

espectBilletes de ida a ninguna parte
 
 
 
 
 
 
 
 

Te llevaste las escapadas románticas a Parises y Nueva Yorks, el turismo culinario por el norte de España, las ganas de conquistar el mundo armados únicamente de una mochila y una cámara, analógica siempre… Las ansias de aventura y las horas eternas en aviones imaginarios saltando entre husos horarios, equipajes perdidos y caricias en anónimas habitaciones de hotel.

Te llevaste todo eso y solo me dejaste billetes de ida a fondos de copas que siempre están vacías, billetes de ida a ninguna parte


Foto: Noemí López  Texto: Julia Leirado

sesPintando lazos
 
 
 
 
 
 
 

Cuando empezó el curso no le había crecido el pelo todavía. Le compraron gorros de todos los colores, pero ninguno tenía lazos. Con la cartera en la espalda, antes de salir de casa, le dijo a su madre: “mira mamá mis piernas.”

Al llegar al colegio nadie miró su gorro de atractivas tonalidades. Todos los compañeros de clase la felicitaban por estar de vuelta y por esos originales lazos que se había pintado en las pantorrillas. Marta después de agresivas sesiones de quimioterapia perdió su melena ensortijada que adornaba sujetando con pasadores, gomas y cintas en forma de lazo.


Foto: M.V.  Texto: Carmen Martínez Marín

ocreverdeazulgrisPrólogo
 
 
 
 
 
 
 

«Cuiden sus lápices, sus libros y cuadernos, porque quizá no dispongan de otros en todo el curso. Estas herramientas, esenciales en nuestra cultura, son ahora bienes escasos».

Aristos Theodoridis, catedrático de Historia de la Universidad Paneuropea de Ginebra, inició con tal advertencia su primera clase de 2043. Luego alineó varios objetos en su pupitre, e hizo circular un grueso álbum de fotos entre los cuarenta alumnos que le escuchaban con atención.

«Les mostraré algunas cosas que desconocen. Muchos de ustedes no habían nacido cuando ocurrió la Gran Hecatombe, así que estas imágenes son un valioso testimonio para su generación. Podrán ver cómo vivía la sociedad que pervirtió la Naturaleza, divinizando la tecnología para terminar siendo su víctima. Este fue el punto cero de nuestra Nueva Era. El prólogo de nuestra propia Historia».

Hizo una pausa mientras el álbum pasaba de mano en mano.

«Observen, en las primeras fotos, las inmensas auroras boreales causadas por la eyección de corona solar que fundió la red satelital. Bajo estas bellas luces estalló el Caos. Al colapso de las comunicaciones siguió el de los transportes, de las redes de abastecimientos y energía. Cundió el pánico, pero también el pillaje y el crimen, y bastaron pocos días para que retrocediéramos a la era medieval… ¿alguna pregunta?».

–Profesor, ¿qué es ése aparato plano que tiene en la mesa?
–Una tableta. Era un instrumento electrónico que usaban los antiguos para leer.
–¿Es que no leían libros?
–Cayeron en decadencia. La especulación casi provocó su abandono, aunque, afortunadamente, los libros impresos en papel sobrevivieron a los electrónicos…

Por supuesto, la escena descrita es sólo una hipótesis. Creo que no hay que preocuparse, pero hace rato que se ha ido la luz y estoy terminando este relato gracias a una vela, con un lápiz mordido. He mirado por la ventana. La ciudad sigue a oscuras.


Foto: M.V. Texto: Joan Batlló

03Mamá, no quiero ser artista
 
 
 
 
 
 
 

Los niños se reían mucho cuando aparecía con un sombrero de copa de color rojo y una casaca raída y brillante. El momento que más gustaba era cuando pasaba por debajo de un andamio conduciendo una especie moto y le caía un cubo lleno de confeti de color azul intenso. A él, los aplausos le gustaban, los gritos, las caras de los niños. Con el paso del tiempo lo que más temía era enfrentarse a un nuevo espectáculo, un número diferente. Eso le daba miedo. Oía la voz del director, y sentía como un escalofrío. A veces pretendían que hiciera números cada vez más difíciles y complicados. Él trataba de conseguirlo. Ponía toda su atención, pero últimamente fallaba. Se equivocaba y todo salía mal. Entonces comenzaban los castigos y las amenazas. Poco a poco fue cambiando su comportamiento alegre y vital. Su mirada era triste, y los niños ya no se reían con él. Quizá por eso, el dueño del circo un día lo vendió a otro circo menos importante. Y así fue pasando de un dueño a otro. Cuando le rescataron años después, vivía en una pequeña jaula. La jaula estaba muy sucia, y él apenas si se movía. Se quedaba con la mirada perdida, balanceándose constantemente de un lado a otro. Era el clásico comportamiento de un chimpancé traumatizado. Su nombre es Bongo. Ahora vive en un centro de acogida para simios, y dicen que poco a poco está recuperando su alegría. Algunos de los simios recogidos han hecho publicidad, o trabajado en el cine, o en ferias donde se les obligaba a fumar, o a boxear para divertir a la gente. Muchos han vivido encadenados; a otros les han quitado los dientes para que no muerdan a los visitantes. Incluso les han cortado las cuerdas vocales para evitar que sus chillidos molesten. Miro la fotografía, y pienso, ojalá la vida de este chimpancé no sea como la de Bongo.

Octubre, 2013. PROYECTO GRAN SIMIO denuncia ante la Unión Europea los malos tratos que el Zoológico Schwaben Park de Alemania realiza contra 44 chimpancés.


Foto: Maria Sol  Texto: Rafael Herrero

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